El conflicto palestino-israelí no sólo es complejo por su antigüedad sino por su naturaleza multidimensional. A los conflictos políticos se le suman los territoriales, bélicos, religiosos y culturales. Esto se da en un contexto que se retroalimenta de desconfianza y agresividad. No es de sorprender, entonces, que, a pesar de los vastos esfuerzos internacionales por llevar soluciones efectivas al conflicto, este siga latente y en aumento.

Ante este problema, los investigadores Alan Alkoby, Eran Halperin, Ricardo Tarrasch y Nava Levit-Binnum del Interdiciplinary Center (IDC) y la Universidad de Tel Aviv presentaron en su trabajo “Aumento del compromiso político en el conflicto israelí-palestino después de un taller de 8 semanas de atención plena” (2017) una propuesta de intervención social para conocer el papel que juegan los pensamientos y emociones negativas en un conflicto de esta naturaleza, así como los beneficios que la regulación de estos pensamientos y emociones puede traer para su solución.

Las emociones y percepciones negativas entre grupos hacen que el conflicto se alargue ya que propicia el antagonismo. Es usual que las partes en conflicto se apeguen a su visión antagónica (en gran parte porque consideran estos pensamientos y emociones como parte íntegra de su persona e ir contra ellos se siente como un ataque a sí mismos).

La práctica de la atención plena se deriva de la tradición budista y consiste en la práctica deliberada de la atención en las propias emociones, pensamientos, sensaciones corporales y estados de ánimo. Se ha visto que esta práctica actúa como antídoto a la fusión experiencial: el fenómeno que ocurre cuando se toman las ideas, prejuicios y emociones como ciertas y válidas solamente porque ocurren en la experiencia personal.

Es así que la atención plena es una actitud que lleva a la metacognición de los fenómenos subjetivos. Esta separación de la fusión experiencial permite a los sujetos observar sus pensamientos, emociones y prejuicios y, a través de la observación, transformarlos con la ayuda que da el no sentirse personalmente “fusionados” con ellos (un fenómeno que se conoce como fusión experiencial).

La investigación se llevó a cabo con 101 estudiantes universitarios israelíes con una edad media de 26 años. Los participantes se dividieron en un grupo experimental, que fue sometido a un entrenamiento de atención plena de 8 semana, y un grupo control.

A ambos grupos se les mostró un video de Ahmed Tibi, político israelí, que, según estudios previos, fomentaba la aparición de emociones negativas contra los palestinos. Después de ver el video los participantes contestaron un cuestionario para observar el impacto en tres escalas:

  • Emociones negativas (odio, rencor, desprecio)
  • Riesgo percibido (de ser atacados por los palestinos)
  • Apoyo al compromiso político (encontrar soluciones políticas para la reconciliación)

Los datos se controlaron por las variables de nivel de religiosidad, orientación política, nivel de atención plena, género, edad e ingreso medio. Se encontró que el grupo sometido a un entrenamiento de atención plena tuvo, a comparación con el grupo control:

  • 25% menos emociones negativas
  • 35% menos percepción de amenaza
  • Un aumento del 20% de compromiso político para la reconciliación

Los autores concluyen que los beneficios de la atención plena residen en que esta permite observar los pensamientos e inferir si se está interpretando de manera errónea la experiencia vivida. Así mismo, la atención plena minimiza el impacto e influencia de experiencias, asociaciones y memorias pasadas. El estudio reporta que estas habilidades aparecen como algo natural después del entrenamiento en atención plena, ya que ni antes ni durante la proyección del video se les pidió a los participantes que controlaran de forma deliberada su reacción emocional ni sus pensamientos. Esto aun cuando el tiempo promedio de práctica meditativa diaria fue relativamente corto: 10 minutos. Incluso las personas con actividades exigentes pueden beneficiarse de la práctica constante de la atención plena.

Se requiere replicar esta investigación en otras culturas y conflictos, así como estudiar el impacto de la ampliación de la duración media de las sesiones diarias de meditación. Sin embargo, estos hallazgos arrojan importantes contribuciones para mejorar la manera en que diseñamos intervenciones para la armonía social y la cultura de paz.