Hanzi Freinacht

(traducido por Ram Gallegos)

Artículo original:
http://metamoderna.org/in-defense-of-hierarchies-among-humans

¿Quieres saber la razón por la que la filosofía moral casi nunca causa un impacto, por qué la mayoría de los filósofos morales permanecen relativamente en el olvido? Después de todo, estamos obligados a preguntar ¿Por qué no logran convencer a las personas de volverse veganas, vender sus autos, donar más de su dinero a la caridad y en general ser más generosos? O, incluso, lograr que hagamos lo que nos hace feliz de acuerdo a la investigación académica(donar tus cosas, hacer ejercicio, meditar, comer sanamente, caminar en la naturaleza, no estresarse, tener más sexo e interesarse por los demás). Un filósofo moral, sin embargo, puede ayudarnos a llegar a las conclusiones correctas, dado que estamos de acuerdo con las premisas, pero no parecen fomentar el desarrollo ético de la sociedad. ¿Por qué los filósofos morales no hacen ninguna diferencia significativa? Se debe a que no han comprendido adecuadamente la psicología ni la ciencia del comportamiento. No entienden que los humanos son, de alguna manera, robots conductuales.

El siguiente es un extracto ligeramente editado del libro de Hanzi Freinacht titulado “La sociedad que escucha: una guía metamoderna a la política, libro uno”. Es es el primer libro en una serie sobre el pensamiento metamoderno, un trabajo de filosofía popular que investiga la naturaleza del desarrollo psicológico y sus implicaciones políticas. Lo que leerás a continuación viene de un capitulo sobre teorías del desarrollo; un capítulo que presenta el campo del desarrollo adulto y argumenta que se trata de la pieza perdida para lograr un cambio progresivo en la sociedad, incluso más modestamente, que necesitamos entender las diferentes etapas psicológicas si queremos salvar el mundo.

Por supuesto que no somos robots en el sentido de que no tengamos sentimientos, pensamientos y sensaciones reales. La metáfora del robot no debe cegarnos a las profundas y vastas ecologías de nuestras mentes y emociones co-evolutivas. Sin embargo, lo que sí hace es resaltar los datos duros de la ciencia del comportamiento. No somos individuos libres y racionales que puedan ser convencidos de una u otra conclusión racional, alterando dramáticamente nuestros valores y comportamientos sociales.

Toda filosofía moral debe considerar quién, cuando, qué y dónde: ¿estamos hablando de niños, o de gatos, o de ratones, o de personas educadas, o de gente rica, o de gente con miedo, o de personas mentalmente discapacitada, o de personas en Dinamarca o en Arabia Saudita? Tales preguntas generalmente son ignoradas por la filosofía analítica humanista (y desafortunadamente también por la filosofía continental). No existe un “humano de fábrica” desde el que pueda operar la filosofía moral.

Uno de los aspectos más importantes para entender el comportamiento instrumental o moral, tanto humano como animal, y de lo que podemos esperar razonablemente de un organismo, es el la etapa de desarrollo general de tal organismo. Ahí es donde la psicología del desarrollo resulta útil (y en particular las etapas de desarrollo adulto). Como mencioné en la introducción de este libro, existen muchos problemas a la hora de tratar de entender lo que es la política metamoderna si no se comprenden antes las etapas de desarrollo.
Una buena psicología del desarrollo, una que reconozca las etapas de los seres humanos, es la pieza faltante para construir una sociedad más racional y ética.

Con que etapa de desarrollo ¿verdad? ¿Pero quién decide quién o qué se encuentra en una etapa más “alta” o “más avanzada” de desarrollo? Tal vez las hormigas están más avanzadas que las personas en maneras que aún no descubrimos. ¿Podrán los niños estar más avanzados que sus padres en sus experiencias vividas dentro de su condición humana? ¿Podrían los miembros de la tribu Jarawa de las Islas Andaman tener vidas más elevadas que lo que cualquier profesor moderno en México o China podría imaginarse?

No seas víctima de la ceguera del desarrollo

Pero el desarrollo importa, y puede ser estudiado de maneras coherentes y confiables. La terrible verdad es esta: los seres humanos adultos no son iguales. Somos tan diferentes entre nosotros como los adultos lo son de los niños, aunque de maneras distintas.

Este es un punto trivial en cuanto a habilidades individuales se refiere: tengo amigos que pueden levantar cuatro veces más en el press de pecho que yo, otros que pueden leer más de tres veces más rápido que yo, otros que pueden hablar el doble de idiomas, otros que saben más de medicina de lo que me pueda imaginar, algunos otros que tienen un CI mucho más alto, otros que son mucho mejores a la hora de hacer dinero (y pueden fácilmente hacer doce veces más que yo en un periodo dado), otros que escriben libros cinco veces más rápido que yo (no estoy bromeando) y así sucesivamente.

No hay razones para pensar que tampoco variamos enormemente en términos generales de etapas de desarrollo (conformadas por cuatro dimensiones: desarrollo cognitivo, código cultural, estado y profundidad, que discuto en mi libro La sociedad que escucha).

Y esto hace toda la diferencia a la hora de entender la política y la sociedad, incluso las relaciones personales. Esta perspectiva validada científicamente (pero muy sensible políticamente) es central para entender el comportamiento humano. Entender las etapas de desarrollo de las personas es indispensable para aquellos que buscan cambiar y desarrollar la sociedad. Sin la perspectiva de que se puede describir a los seres humanos a través de etapas de desarrollo que se desdoblan de manera subsecuente, estás conduciendo con ceguera de desarrollo. Es peor que conducir ebrio. Y mata o hiere considerablemente a más personas, literalmente hablando.

Así es que en la segunda parte de mi libro trabajamos a través de diez capítulos discutiendo lo que significa el desarrollo psicológico personal. El coco aquí es la palabra con j*. He hablado de ello anteriormente, pero ahora es tiempo de que tomemos al toro por los cuernos.

Jerarquía. Estamos incluyendo a la jerarquía en el estudio de los seres humanos; la jerarquía científicamente validada y permanente (pero no inmutable). Algunas personas son simplemente más desarrolladas, más evolucionadas que otras. Ouch.

¡Introducir la jerarquía! ¿Quién haría eso? Y ¿por qué? ¿No es acaso un pretexto para reclamar que algunas personas deben estar por encima de otras, para legitimar indebidamente algunos privilegios injustos? Después de todo ¡aún estamos trabajando duro alrededor del mundo para deshacernos de la herencia colonial, del privilegio masculino, del privilegio blanco, del eurocentrismo, de la explotación del sur global, de la discriminación hacia los animales, del antropocentrismo con relación al resto de la biosfera y de las muchas heridas escondidas referentes a la clase social! ¿Y quieres hablar de jerarquía? ¿Qué endemoniado propósito te ha poseído para invocar tales fantasmas prohibidos ®? ¡Lo prohíbo! ¡No te aventures en esta investigación del desarrollo adulto! ¡No vayas ahí a ver con tus propios ojos! ¡En el nombre de la equidad, elige la ignorancia! ¡No hagas preguntas prohibidas!

Estás en lo cierto, querido lector. Estas pueden ser malas noticias. Incluso es peor. Una vez que abramos la caja de Pandora de la jerarquía ¿quién sabe lo que saldrá de ahí? ¿Nuevas fuentes de auto-culpa neurótica? ¿Nuevas idelogías de dominación? ¿Explotación bajo el auspicio de la legitimidad científica? ¿La eugenesia? ¿Una nueva sociedad de clases, como la que presenta Aldoux Huxley en Un mundo feliz, donde la población está dividida en castas bio-diseñadas? Que me parta un rayo

A pesar de los riesgos, los cuales reconozco completamente, estoy convencido de que estamos mejor si tenemos una perspectiva sólida de las etapas de desarrollo que si no la tenemos. Y para estudiar el desarrollo, debemos admitir que existen jerarquías; que algunas opiniones, comportamientos y psiques están, por lo menos de algún modo, más desarrolladas. Es posible tomar esta posición sin ser un imbécil.

El riesgo asociado con estar ciegos al desarrollo es simplemente muy grandes y las consecuencias son muy dañinas. Defiendo, sin pestañear, que el entendimiento de las etapas de desarrollo humano son clave para la emancipación, para la libertad y la equidad en la era globalizada del Internet. En este nuevo mundo, aquellos que están ciegos al desarrollo se convierten en opresores, de manera similar a como el cristianismo pasó de ser una fuerza liberadora a tener sus propias élites e inquisición. El pensador y activista progresista de hoy en día debe conocer y aceptar la jerarquía; un corazón rebelde debe amar el desarrollo jerárquico (y utilizarlo contra todo amo, contra toda jerarquía injusta y contra el caos y la entropía inherente del cosmos).

Espera un minuto; creo que no me has escuchado. ¿No lo dije lentamente, no lo dejé en claro? Estoy diciendo que si no puedes entender las jerarquías ni el desarrollo humano terminarás siendo primitivo, conservador y opresor. Tu, no yo, eres el opresor. Eres tú  quien está hablando el lenguaje de la opresión.

Déjame explicar algunos principios para clarificar esto. Estar a favor de las jerarquías sólo tiene sentido para el progreso si aplicas meticulosamente estos ocho principios. Así que aquí está una guía para el usuario.
La guía del autoestopista jerárquico*

  1. No juzgar. El primer principio es que las etapas de desarrollo en los humanos y en los organismos deben ser estudiadas a la luz de la aceptación radical, una ausencia generalizada de juicio (muy parecido a lo que en enseña en realidad el cristianismo en sus formas liberadoras). Cada criatura tiene el derecho inalienable de ser quien es, incluso el más aborrecible de nosotros. Así es que cuando tengas una visión más profunda que los demás, cuando seas más ético o inteligente o sensible, estás manifestando un privilegio sobre esa criatura. La razón por la cual no es como tu es porque tu eres más privilegiado, por lo menos en ese sentido en particular. Incluso las cosas que has aprendido a través del sufrimiento, y los discernimientos o las habilidades que son dolorosas de tener, de alguna manera te dan una ventaja. La perspectiva pasa de juzgar a las personas que no son como nosotros (maldiciendo a aquellos que son racistas, que no son socialistas, que no están educados, que no son ambientalmente conscientes, que no son sensibles, que no saben escuchar, etc.), a tratar de dar una explicación universal de por qué nuestras propias perspectivas son mejores que las suyas (por qué podrían vencer a sus posiciones en sus propios términos) y explicar por qué el mismo discernimiento o capacidad no está disponible para ellos en este momento. Tales explicaciones pueden ser: que se trata sólo de un niño, que no ha tenido oportunidad de aprender esto, que no se le ha permitido tener la paz mental necesaria para pensar en esto, que se encuentra en una posición demasiado precaria para que se haya permitido pensar de esta manera, etc. En este sentido, la aceptación de la jerarquía sirve para el perdón y la comprensión.
  2. No son un orden moral. El segundo principio es que las etapas del desarrollo no constituyen un orden moral, en donde las etapas más altas o avanzadas serían moralmente “más valiosas” que las etapas iniciales. Por ejemplo, como veremos en el siguiente capítulo, los niños generalmente se encuentran en etapas cognitivas menos desarrolladas que los adultos (pero, por supuesto, tienen el mismo valor). Y frecuentemente pueden ser más amables y “mejores personas” que los adultos, más honestos, más empáticos, etc. El jurado aún está investigando quienes son moralmente valiosos y quienes no, pero un buen punto de inicio puede seguir siendo la vieja frase de Jeremy Bentham: “… la pregunta no es ¿pueden razonar? ni ¿pueden hablar? sino ¿pueden sufrir?”.
  3. Jerarquías naturales y jerarquías de dominación. El tercer principio es que existe una diferencia entre las jerarquías naturales y las jerarquías de dominación. Las jerarquías de dominación son aquellas que no se pueden defender bajo ningún argumento universal y son utilizadas para legitimar la explotación: los hombres sobre las mujeres, los blancos sobre los no-blancos, los clientes y accionistas de H&M (la tienda de ropa) sobre los trabajadores explotados en las fábricas clandestinas de Bangladesh, los animales humanos sobre los animales no-humanos, la nobleza sobre el vulgo, los amos sobre los esclavos. Las jerarquías naturales son diferentes: no cuentan con explotación inherente. Se construyen sobre un argumento universal que beneficia a todas las partes, y está limitada al área específica en donde tal beneficio puede ser defendido. Por ejemplo: quien está aprendiendo a conducir y su instructor (probablemente el mejor y más claro ejemplo), niño y padre, paciente y doctor, pupilo y maestro. Por supuesto que cada una de estas jerarquías naturales pueden ser mal utilizadas y se pueden explotar los desequilibrios para otros fines (si el doctor quiere sexo a cambio de medicina, por ejemplo). Pero esto no es inherente a la definición de la jerarquía. Las jerarquías de desarrollo pueden, si se usan correctamente, apoyar esas jerarquías naturales. Sin embargo, recuerda que todas las jerarquías de dominación se disfrazan de jerarquías naturales para aparentar tener “la triple N” de todas las opresiones ocultas: Natural, Normal y Necesaria.
  4. No se transmiten. El cuarto principio es que una jerarquía no se transmite  hacia otra, ni a otras áreas irrelevantes o relaciones de poder. No deben dar un “efecto halo”. Por lo tanto, el que estés en una etapa de desarrollo cognitivo más alta que yo no significa que debas pagar menos impuestos ni que puedas dormir con mi esposa. Además, todavía puedo ser un mucho mejor patinador artístico, puedo escuchar mejor a los demás, y puedo ser mucho mejor matemático que tu, incluso si eres capaz de pensar en ideas más complejas (en cuyo caso aún merezco ser reconocido por mis talentos). Las etapas de desarrollo no son lo mismo que las habilidades.
  5. Humildad. El quinto principio es la humildad. Los modelos jerárquicos con varias etapas son más (no menos) humildes que las visiones no-jerárquicas de la realidad. Digamos, por ejemplo, que tu, vanagloriándote por ser un noble defensor de la pluralidad y la igualdad, estás “en contra” de los modelos jerárquicos en la ciencia y en las humanidades. Lo que ocurre es que de hecho también estás creando una jerarquía: las personas que tienen tu opinión están “por encima” de aquellos que no la tienen. Es mejor estar en contra de las jerarquías que a favor ¿verdad? La preferencia misma crea, en cierto sentido, una jerarquía en dos pasos. Al hacer eso realizaste varios movimientos que son todo menos humildes. Para empezar, estás reduciendo la riqueza de las respuestas sólo a tu propia posición y a “todas las demás”. Esto significa que estás revolviendo muchas respuestas, quizá cualitativamente muy diferentes, y las estás colocando dentro de una misma categoría (la categoría errada). Sólo existe tu perspectiva (acertada) o el error (donde se encuentran los demás), y no es posible realizar un ordenamiento entre todas las otras posibles respuestas. También estás excluyendo la posibilidad de que existan otras etapas por encima de la tuya (ya que sólo existen dos etapas y tu ya estás en la más avanzada). Así es que no necesitas aprender de los demás ¿verdad? Pero los modelos jerárquicos de desarrollo que contemplan más etapas no permiten estos errores: estás obligado a describir todas las etapas relevantes, cómo se relacionan entre si, y siempre tienes que admitir que pueden haber etapas más desarrolladas que la tuya, etapas que ni siquiera puedes entender aún. De manera contraintuitiva, la jerarquía, entendida correctamente, permite la apertura y la humildad hacia la perspectiva de los demás
  6. Dimensiones diferentes. El sexto principio es simplemente saber que las teorías jerárquicas del desarrollo humano tienen diferentes dimensiones, y que el desarrollo en una dimensión no necesariamente se traduce en desarrollo en otra dimensión. Sin embargo, como veremos en los siguientes capítulos, las dimensiones si interactúan. De hecho, es posible que te encuentres con que el desarrollo de una dimensión puede obstaculizar el desarrollo de otra dimensión.
  7. Sensibilidad. El séptimo principio tiene que ver con la sensibilidad. Uno debe reconocer que todas las jerarquías pueden herir los sentimientos de las personas. Después de todo, a nadie le gusta ser elegido al último para el equipo de fubol. Y cuando revelas estructuras de desarrolo sólidas y arraigadas que describen las vastas diferencias cualitativas entre las personas reales, esto tiende a hacer sentir a algunos exhaltados y a otros degradados. Después de todo, la mayoría de nosotros no estamos en las partes más altas del desarrollo humano. El que alguien esté en una “etapa más elevada” que yo, de alguna manera tiende a doler más que el hecho de que alguien tenga mejores calificaciones, mayor CI, o levanten mayor peso en el gimnasio. Las jerarquías de desarrollo son un tema extremadamente sensible. ¿Cómo se siente reconocer que alguien que conozco entiende genuinamente aspectos más profundos de la realidad que yo? ¿O que estoy menos desarrollado moralmente que otra persona, otra persona que se dhere a valores e ideales que no tengo? ¿Que mi mente es mas o menos incapaz permanentemente de hacer lo que tu haces rutinariamente? Simplemente duele. Tal vez no si pienso en Einstein a la distancia, pero si pienso en un jóven colega que está jerarquicamente por encima de mi, y que la distancia es cualitativa y permanente, tiende a lastimar en partes sensibles dentro de nosotros. Así es que para lidear con estos problemas tenemos que ser muy sensibles emocionalmente con todos los involucrados. Por cierto, lo sensible de este tema es probablemente la principal razón por la cual este campo de investigación no ha trascendido mucho: nadie quiere ser un idiota insensible.
  8. No es lo único que existe. El octavo y último principio es que las etapas de desarrollo son importantes pero, obviamente, no son lo único que existe en la vida, en el conocimiento, en el talento ni en el significado. Así es que no deberían ser tratadas como algo más que herramientas psicológicas útiles. Así como puedes estar ciego al no comprender las etapas del desarrollo humano, también puede cegarte el mirarlas por un tiempo prolongado. Así como el sol: sin él, caminas en la oscuridad, pero si lo miras fijamente todo el día, eso también te cegará. Es cuando el sol brilla sobre otras cosas que puedes ver más claramente.

Es necesario recordar estos ocho principios para comprender la jerarquía de manera progresista e igualitaria. Después de todo, no entender las etapas jérarquicas del ser humano te llena de prejuicios, te vuelve más arrogante y cerrado de mente, menos competente para comprender a los demás, para empatizar con ellos, menos capaz de interpretar y predecir adecuadamente comportamientos y fenómenos de la sociedad. Para poder entender las etapas de desarrollo humano debes admitir, de cierta manera, que están ordenadas jerárquicamente. Así que lidiar con la jerarquía no es un “mal necesario”; más bienes hace un mal al negarla. La jerarquía, adecuadamente comprendida, sirve al bien superior. De nuevo, esto sólo es cierto, por supuesto, si seguimos los ocho principios presentados anteriormente. De otra manera podemos terminar legitimizando jerarquías de dominación y contribuyendo a la diferentes vías  de opresión.

El punto no es obsesionarse con la jerarquía. El punto es que si ves las jerarquías claramente y no las impregnas de valor emocional, puedes relacionarte con ellas de manera más racional y desapegada. No hay necesidad de pretender que somos el instructor de manejo cuando en realidad somos el estudiante. Y ambas partes se benefician. El objetivo aquí es crear una sociedad más equitativa e igualitaria, donde la jerarquía importe menos, y que importe sólo cuando tengan sentido.

Si aún no te gusta hacia donde se está dirigiendo esto, pienso que tu corazón se suavizará una vez que, al leer mi libro La sociedad que escucha, veas la dirección hacia donde nos lleva el desarrollo jerárquico: hacia mayor inclusión, entendimiento y aceptación de los demás y hacia el cuestionamiento de las propias certezas.

Hanzi Freinacht es un filósofo, politólogo, historiador y sociólogo, autor de“La sociedad que escucha”, y de los próximos libros “Ideología Nórdica” y “Los 6 Patrones Escondidos de la Historia Mundial”. La gran parte de su tiempo lo pasa sólo en los Alpes Suizos. Puedes seguir a Hanzi en su perfil de Facebook.

*se refiere al coco como el monstruo que asusta a las personas y hace un juego de palabras a partir de lo que en inglés se conoce como n-word (la palabra con n), una palabra despectiva para referirse a la población negra. Freinacht compara ese tabú con el atribuido a la palabra “jerarquía” (la “palabra con j”). n.t.

*Este título hace referencia al libro La guía del autoestopista galáctico n.t.