En este texto, el más reciente del filósofo Ken Wilber, se analiza la sorprendente victoria de Donald Trump en las pasadas elecciones estadounidenses bajo el marco de la Teoría Integral. ¿Qué factores llevaron a un personaje tan deplorable a ser el presidente de una nación tan importante? ¿Por qué el Partido Demócrata y la izquierda estadounidense fallaron en atraer el voto rural? ¿Cuáles son las visiones del mundo que llevaron a todo esto? Estas son las preguntas que Wilber, de manera clara y esclarecedora, responde, acompañado de un entendimiento evolutivo de la sociedad y de la política.

El entorno político mundial está siendo caracterizado, cada vez más, por el fenómeno de la posverdad. El término “posverdad” fue elegido como palabra del año por el Diccionario Oxford en 2016. Aunque se puede dar una definición intuitiva sobre su sentido y consecuencias, Wilber hace un análisis filosófico claro que identifica el fenómeno de la posverdad en la corriente posmoderna del desarrollo.

La corriente posmoderna apareció como fase de desarrollo en la humanidad a raíz de la crítica a su etapa previa: la modernidad. Los filósofos posmodernos encontraron que la modernidad había fallado en identificar y solucionar el sufrimiento que aún existía en el mundo y que el enfoque puramente científico-racional no había podido resolver. En el afán de reintroducir visiones, propuestas y grupos humanos que clásicamente habían sido relegados, la posmodernidad identificó como “opresivas” todas las jerarquías y sistemas de ponderación que se atreviesen a poner las etiquetas de “mejor” o “peor”. El concepto de “verdad” por lo tanto, según la posmodernidad, se encontraba dentro de estos sistemas opresores que negaban, a su vez, otras verdades. Es por ello que la posmodernidad entendió que la verdad siempre está determinada por quien tiene, o busca, el poder.

Estos axiomas filosóficos, sin embargo, tienen repercusiones muy fuertes en los individuos y, por ende, en la sociedad. Si toma como cierto el nihilismo (la idea de que la verdad no existe y es tan solo una construcción) aún nos queda el problema de qué criterios utilizar a la hora de elegir y guiarse en la vida. Se respondió a este problema con la idea de que, debido a que no hay verdad, el único parámetro válido es el definido por el individuo mismo: los deseos propios se convirtieron en el mapa de vida para el individuo posmoderno. Esta actitud llevó, entonces, a la segunda característica que llevó a la izquierda basada en la posmodernidad a su colapso: el narcicismo.

Tenemos entonces una corriente de pensamiento que debería ser la vanguardia evolutiva y que, por lo tanto, debería liderar a los seres humanos para encontrar soluciones cada vez más incluyentes y compasivas, pero que, al estar cegado por el nihilismo o auto-absorto por el narcicismo, ha fallado en lograr esta tarea.

Esto le ha dificultado a la posmodernidad darse cuenta de sus propias contradicciones performativas. Dice que la verdad no existe, pero esa es, en sí misma una verdad. Dice que cualquier entendimiento de algo como “mejor” o “peor” es inherentemente opresivo, y sin embargo propone que su sistema de valores es mejor que el de los demás.

Fue precisamente esta ceguera filosófica lo que le impidió a la posmodernidad hacer un análisis profundo profundo del problema de la opresión e identificar en la falta de desarrollo (en términos del a Espiral Dinámica) la fuente misma de estas patologías.

Ken Wilber propone, entonces, que el desarrollo evolutivo sólo podrá continuar si la posmodernidad aprende a dialogar con las otras fases de desarrollo, a la vez que integra holarquías de crecimiento: sistemas jerárquicos que buscan establecer espacios de mayor plenitud para el mayor número de personas a través de criterios claros y la inclusión de la parte sana de todas las fases de desarrollo.

Esto propiciará la diseminación de la naciente fase turquesa de segundo grado: la visión holista.