Hanzi Freinacht

(traducido por Ram Gallegos)

Artículo original:
https://metamoderna.org/why-spiritual-communities-turnintocults

El propósito de esta publicación es extender una advertencia. Existen comunidades con el propósito explícito de llevar a las personas a estados subjetivos más altos: las comunidades espirituales. No me refiero a las tradiciones monásticas medievales (de las que hablaré en mi próximo libro cuando discuta la “política existencial”). La vida monástica también ha tenido muchos otros roles y ha ocupado un lugar tan central en la sociedad europea que con dificultad eran solamente congregaciones puramente espirituales. Históricamente, lo más cercano a algo parecido a una comunidad verdaderamente contemplativa han sido los monasterios budistas y las tradiciones del yoga védico, aunque estas también tuvieron que cumplir otros roles sociales.

El siguiente es un extracto ligeramente editado del libro de Hanzi Freinacht titulado “La sociedad que escucha: una guía metamoderna a la política, libro uno”. Es el primer libro en una serie sobre el pensamiento metamoderno, un trabajo de filosofía popular que investiga la naturaleza del desarrollo psicológico y sus implicaciones políticas. Lo que leerás a continuación viene de un capitulo sobre estados subjetivos superiores llamado “Llegando más alto”; un capítulo que discute la naturaleza de de los estados psicológicos elevados de las emociones positivas.

Sin embargo, sostengo que las congregaciones espirituales, en su forma pura, son un fenómeno moderno que apareció en los siglos XIX y XX. En estas congregaciones, las personas eligen libremente consagrarse a un gurú, maestro o guía que se cree que está iluminado. Puede que te hayas cruzado con más de una de estas comunidades, que a menudo han sido popularizadas por los hippies y por las ideas de la Nueva Era (o por el Nuevo Pensamiento, una variación de la teosofía, o por las interpretaciones contemporáneas de las tradiciones orientales, o por el misticismo de cualquier religión).

Un patrón sorprendente de estas comunidades es la prevalencia de abusos de poder: explotación financiera o sexual, violencia física y emocional (algunas veces incluso dirigida fuera de la comunidad), evidentes usos de estrategias de control mental, artistas del engaño que se hacen pasar por yoguis milagrosos, o por lo menos afirmaciones falsas e intrigas y demandas interminables. Al estudiar a maestros como Sri Aurobindo, Osho, Adi Da (Da Free John), Andrew Cohen, Amma (“la madre del abrazo”) y Chögyam Trungpa (e incluso Jiddu Krishnamurti, que ni siquiera fundó una organización) vemos que sus comunidades han recaído en relaciones abusivas o por lo menos comercializadas y disfuncionales. Aunque es posible ver que algunas de estas horribles historias se explican por las manipulaciones deliberadas por parte de los maestros, la frecuencia con la que estas comunidades muestran tendencias sectarias y profundamente opresivas debe tener una explicación general más sociológica y estructural.

Mi aportación a tal explicación es la siguiente. Siempre que se crea una comunidad, se crea una jerarquía. Algunos tipos de jerarquía son necesarios para que las personas cooperen exitosamente y evalúen los esfuerzos de los demás: quién se esfuerza más, quién es confiable y así sucesivamente. Las comunidades espirituales de este tipo se construyen principalmente alrededor de una jerarquía de “estados subjetivos”. Se cree que el líder tiene un estado subjetivo superior a los demás miembros de la comunidad y es por ello que desean seguirle Para avanzar a lo largo de esta jerarquía, uno también debería ser capaz de morar por largos periodos en estados subjetivos superiores.

LA FALACIA DE CONVERTIR LOS ESTADOS SUBJETIVOS EN JERARQUÍAS SOCIALES

El problema principal es que los estados subjetivos no son algo que puedan ser medido fácilmente y, además, cambian de un momento a otro. Los resultados científicos, los logros atléticos e incluso un parámetro basado en dinero son cosas que pueden ser confirmadas o desechadas intersubjetivamente y es por ello que con relativa facilidad puedes reconocer quién es una científica, atleta o empresaria calificada. Las comunidades espirituales construyen una jerarquía social sobre algo que sólo puede ser experimentado e imaginado personalmente. Por supuesto que, con el equipo adecuado, puedes revisar las ondas cerebrales de alguien por un breve momento, pero, de nuevo, nunca sabes si el estado subjetivo de alguien es enteramente el que asegura que es y no puedes medirlo todo el tiempo. Estás tratando de construir una comunidad intersubjetiva sobre algo subjetivo. Esto es simplemente una mala idea. Es una estructura social construida ilógicamente y esta pobre construcción lleva a muy malas consecuencias sociales. 

Frecuentemente ni siquiera es fácil reconocer en qué estado subjetivo nos encontramos nosotros mismos; requiere de gran esfuerzo incluso el darnos cuenta. ¿Alguna vez has escuchado a una persona gritar cuando asegura que “no está enojada”? Este sólo es un ejemplo de muchos de cómo se nos dificulta reconocer una evidente emoción o estado interior en nosotros mismos. Si cada persona difícilmente puede conocer su propio estado ¿cómo se espera que podamos construir una comunidad confiable no sólo a partir de nuestro propio estado sino también en el de un grupo de personas?

En las comunidades espirituales crece la presión social para presentarse a sí mismo como alguien que tiene los estados más altos posibles (tanto por el prestigio personal como porque las personas quieren escuchar que te está yendo bien para así validar a  toda la comunidad espiritual). Así es que las personas empiezan a mentirse sutilmente a ellos mismos y a los demás acerca de lo ligero y profundo que experimentan el mundo en cualquier momento dado. ¿Alguna vez has visto esa extraña felicidad histérica que muestran las personas que están dentro de alguna secta? A eso es a lo que me refiero: insisten en mostrar comportamientos que indican estados interiores elevados. De ahí viene su extraña mirada. Esto también aplica para el gurú: si él o ella está de mal humor, los estudiantes seguirán interpretando que esto viene de un estado interior muy elevado.

Así es que hay un “giro” socio-psicológico que hace que las personas pretendan ser algo que no son. Esto se convierte en un secreto sucio y escondido para casi todos y es probable que las personas reaccionen agresivamente cuando exista el riesgo de que salga a la luz. Esta es la razón principal de por qué se vuelven tan agresivos y opresivos cuando la imagen de armonía es desafiada por todos los conflictos y problemas que necesariamente surgen en cualquier comunidad.

Y todo esto se agrava con el hecho de que los estados subjetivos son un fenómeno profundamente personal y emocional. Si una comunidad se construye alrededor de alcanzar estados subjetivos más alto, necesariamente debe involucrar que las personas compartan mucho de sus vidas interiores. Esto le deja muy poco o nada a la esfera personal, no hay escondites, lo que significa que las personas se atan entre sí en situaciones que están llenas de mentiras y auto engaños. No puede ser más tóxico.

LOS ESTADOS ESPIRITUALES ELEVADOS NO NECESARIAMENTE TE VUELVEN MÁS INTELIGENTE

Pero los problemas no paran ahí. Los monasterios tradicionales de siglos anteriores no sólo eran comunidades puramente espirituales; también estaban construidas, tal vez principalmente, alrededor del trabajo, la teología, la filosofía y así sucesivamente. Por ello se podían construir jerarquías alrededor de cosas con las que las personas se podían relacionar y evaluar intersubjetivamente. Las comunas espirituales modernas son diferentes. Si construyes una comunidad alrededor de la idea de que “este tipo”, digamos el gurú estadounidense Adi Da, está “iluminado”, no sólo nunca podrás obtener ninguna prueba de ello, también ignorarás todas las demás dimensiones de desarrollo.

En otras palabras, incluso si tu gurú frecuentemente experimenta estados subjetivos elevados, él o ella aún puede estar en una etapa baja del MCJ (para una introducción a la Complejidad Jerárquica lee el siguiente artículo), aún puede trabajar desde códigos culturales caducos y tener toda clase de problemas psicológicos.

Tan solo escucha a una persona como Eckhart Tolle, autor del libro El poder del ahora, quien ha sido invitado a programas como el de Oprah Winfrey y ganado mucha notoriedad. Él obviamente experimenta estados elevados. Pero su respuesta sobre cualquier problema social y las teorías que propone en sus libros son de una complejidad promedio (más precisamente, de la etapa 11 formal del MCJ). Simplemente no tiene las respuestas. Lo cual está bien. El único problema es que él hace toda clase de análisis de la sociedad, desde la política hasta la salud mental y la sexualidad. Y muchas personas lo escuchan. Debe quedar perfectamente claro que este hombre, al tiempo que es tanto amable como sabio, está pobremente educado y que, a decir verdad, no es muy inteligente. No hay nada malo con ello, pero deberíamos reconocerlo.

Lo mismo sucede con prácticamente todos los gurús. Tienen perspectivas de estados elevados (por lo menos aquellos que son gurús auténticos) pero confunden estas perspectivas existenciales con autoridad en toda clase de campos. Y también sus seguidores.

Un problema que no hemos abordado aquí, pero que debería ser mencionado, es el de las patologías de los estados elevados. Las patologías de los estados inferiores son muy obvias (te sientes terrible y esto puede volverte disfuncional, puede hacer que tengas conductas destructivas y que quieras vengarte con el mundo). Pero los estados elevados también pueden tener toda clase de complicaciones. Si tú, por ejemplo, comienzas súbitamente a sentirte expandido y lleno de amor cósmico, esto puede fácilmente traducirse en ideas magnánimas sobre ti mismo y tu lugar en el mundo. Pueden traducirse en megalomanía y en un optimismo insostenible. Y en los momentos donde sientas que todo está íntimamente interconectado y que todas las cosas son uno, es posible que llegues a conclusiones bastante cuestionables acerca de cómo se interrelacionan las cosas. Incluso se ha encontrado que las personas que acaban de practicar atención plena son más propensas a haber imaginado y tenido memorias falsas y son de alguna manera más crédulas. A pesar de todas las cosas buenas que tengo que decir acerca de los estados subjetivos elevados, difícilmente puedo sobreenfatizar lo seductoras y peligrosas que son. En mi libro La sociedad que escucha hablo de los peligros del pensamiento mágico a medida que aparecen en muchas personas con estados elevados.

El elogio acrítico de las personas en estados subjetivos elevados es la receta para ser controlado y engañado, para ser abusado y para la disolución súbita y decepcionante de comunidades otrora bastante unidas. Esto es cierto incluso si resulta que los gurús son buenos (lo que parece suceder sólo con una minoría de ellos, por ejemplo Eckhart Tolle, Rupert Spira y tal vez el gurú jamaiquino Mooji). Incluso si también resultan inteligentes (como Shinzen Young). Pero los maestros amables e inteligentes no hacen que los problemas estructurales que presenté desaparezcan: simplemente no puedes construir una buena comunidad con jerarquías que derivan de estados subjetivos. No tiene sentido. Porque, mon ami, las comunidades y sus jerarquías son estructuras intersubjetivas y relativamente durables; los estados interiores son subjetivos y muy transitorios.

ESPIRITUALIDAD. SI. PERO HAGAMOSLA MÁS INFORMADA Y DEMOCRÁTICA.

Con esto no quiero decir que todas las comunidades espirituales sean algo malo. Es verdad que los lugares donde las personas hacen un esfuerzo común guiado y concentrado para desarrollar estados más elevados tienen efectos positivos en las vidas de las personas (y eso incluso puede afectar positivamente otros aspectos de la sociedad). Es sólo que esta proeza viene con algunos riesgos que tienen que ver con el territorio socio-psicológico; y los riesgos son bastante grande, como en todas las comunidades que presentan un profundo fervor y compromiso.

Un posible antídoto a este mal socio-psicológico puede ser democratizar la espiritualidad; hacerla más participativa, transparente y basada en resultados medibles. Tales esfuerzos se están llevando acabo alrededor de la cultura del festival Burning Man, notablemente en el movimiento sinteísta (“ateos religiosos”) que ha emergido últimamente en Estocolmo y han surgido algunas propuestas interesantes en esta línea por intelectuales como Sam Harris (en su libro de 2014 Waking Up, Harris, un reconocido crítico de todo lo religioso, defiende una explicación de la espiritualidad basada en la ciencia). Sin embargo, este es un tema difícil, hasta ahora, casi todas las comunidades espirituales han tomado el camino de la Avenida Secta, así que es bastante probable que estos movimientos lo hagan también. Ya veremos.

Para concluir: sí, el estado subjetivo de los organismos es lo más importante en el mundo y sí, debería por lo tanto convertirse en una meta central de la sociedad. Y sí, tiene gran significado para el desarrollo general de las personas y las sociedades. Pero no, tener un estado subjetivo más elevado no te da todas las respuestas. Y no, no deberíamos construir sociedades que construyan jerarquías basadas en fenómenos tan vagos e inverificables como los estados subjetivos. Y SI, necesitamos investigar más al respecto.

Pero debemos tratar de optimizar los estados subjetivos, tanto como sociedad y como organismos individuales. Todos estamos siempre en algún tipo de estado subjetivo. Es un hecho inexorable y despiadado que el universo nos tenga eternamente en sus garras. 

Hanzi Freinacht es un filósofo, politólogo, historiador y sociólogo, autor de“La sociedad que escucha”, y de los próximos libros “Ideología Nórdica” y “Los 6 Patrones Escondidos de la Historia Mundial”. La gran parte de su tiempo lo pasa sólo en los Alpes Suizos. Puedes seguir a Hanzi en su perfil de Facebook.