Hanzi Freinacht

(traducido por Ram Gallegos)

Artículo original:
https://metamoderna.org/death-to-the-individual

En la sociedad moderna hay una idea generalizada acerca del “individuo”. La idea del individuo es, de hecho, una solución ingeniosa a un difícil problema socio-filosófico: ¿deberíamos enfocarnos en la sociedad como un todo o en sus diferentes partes y procesos singulares? Esta visión nos ha ayudado mucho en el pasado y ha hecho posible evitar la forma totalitaria, opresora y bastante patológica de modernidad que hemos visto en el siglo XX. Pero el individualismo ya no parece servir de mucho, ya no satisface su función como unidad efectiva de auto-organización social. Ya no puede resolver muchos de los problemas sociales e, incluso, frecuentemente resulta un estorbo para su resolución adecuada. Pero entrar en la zanja contraria del colectivismo también tiene, evidentemente, su cuota de problemas. Así es que, como solución para trascender este dilema, sin comprometer una u otra, permítanme presentar una perspectiva transpersonal: una vía para ir más allá del individuo sin sofocarlo.

El siguiente es un extracto ligeramente editado del libro de Hanzi Freinacht titulado “La sociedad que escucha: una guía metamoderna a la política, libro uno”. Es el primer libro en una serie sobre el pensamiento metamoderno, un trabajo de filosofía popular que investiga la naturaleza del desarrollo psicológico y sus implicaciones políticas. Lo que leerás a continuación proviene de una sección que habla sobre las perspectivas transpersonales en el capítulo acerca de filosofía política; un capítulo que también incluye una indagación acerca de la complejidad y sus consecuencias políticas, cómo nos llevará más allá de la Derecha y la Izquierda a través de la política no linear y el desarrollo de aspectos de las jerarquías de desarrollo que parecen ser la pieza faltante para llevarnos hacia adelante.

Si la sociedad se enfoca en su totalidad, puede fácilmente reprimir y denegar procesos que siguen sus propias lógicas y ordenes sociales parcialmente independientes: los sistemas legales, las empresas, las relaciones amorosas personales, la política de partidos y similares (como sucedió, por ejemplo, en el comunismo soviético). Por otro lado, si una sociedad (no necesariamente una nación-estado) no puede integrar las diferentes partes dentro de un todo, fácilmente puede sufrir severas consecuencias: que las personas se enfrenten unas a otras, la degradación ambiental o la imposibilidad de abordar problemas más grandes como la exclusión social.

La idea del individuo ofrece una especie de solución a este problema. Básicamente propone que cada ser humano, a lo largo de su vida, es un todo indivisible para si mismo. Esta idea, por lo tanto, crea una serie de sistemas “totales” más pequeños, de “individuos”, cada uno con un “proyecto de vida” que reúne varios procesos sociales en un tejido unificado: la niñez, la vida personal, la educación, el trabajo, la familia, las opiniones políticas, y así sucesivamente. Al utilizar esta idea, la sociedad moderna encontró una regla de oro que aborda el dilema entre la totalidad y sus partes: dentro de cada individuo, los diversos procesos de la sociedad se encuentran como un todo. A través del individuo toda la sociedad puede integrarse en un microcosmos.

Si vemos su origen latino, “individual” significa “aquello que no se puede descomponer en partes más pequeñas”. La traducción griega de la misma palabra es “átomo”. Por supuesto que en la realidad no existen “individuos” en ningún sentido más profundo que corresponda con la teoría de los átomos en la física: solo somos cuerpos animales que se mueven a través de una serie de realidades socialmente definidas. Nuestros cuerpos siempre están en un flujo, siempre están cambiando por el ambiente. Después de cinco años toda la masa de nuestro cuerpo ha cambiado (por lo menos más del 99%).

La historia de vida de nuestro “ser individual” siempre es sólo eso: una historia. La verdad no hay nada en nuestra individualidad que nos vuelva verdaderamente únicos: todos nuestros deseos, sueños, palabras e ideas vienen del ambiente social. Incluso nuestro nombre y nuestra idea de un ser vienen de nuestras interacciones con otras personas, quienes a su vez han sido definidos por su entorno social. Además, el individuo no tiene un “libre albedrío” real. Incluso si somos organismos con intencionalidad propia, siempre somos profundamente moldeados por el ambiente social (esto incluye a nuestros pensamientos e intenciones). La misma conclusión es aparente para aquellos entrenados en meditación o versados en filosofía oriental: cuando aquietamos nuestra “mente narrativa” y observamos nuestros pensamientos, se vuelve evidente que la voz que habla en nuestra cabeza lo hace de manera automática y, en gran medida, independiente de nuestra “voluntad”. Dentro de todo esto ¿en dónde se encuentra el individuo?

Después de todo, incluso resultó que los átomos son divisibles: su existencia misma es no-local y está basada en interacciones. Pero la razón por la cual la política metamoderna debe ir más allá de la idea del individuo, “ver más allá” de la persona individual, no sólo es filosófica. No sólo se trata de estar en lo correcto en un sentido analítico. Tiene profundas implicaciones prácticas y políticas.

La idea del individuo fue una solución inteligente dentro de las circunstancias producidas por la sociedad industrial moderna. En la sociedad de la información global actual, sin embargo, donde los problemas de la sociedad son de una naturaleza mucho más profunda y compleja, la idea del individuo tiende a cegarnos a los problemas al igual que a las soluciones. La idea del “individuo” ya no satisface su función como unidad efectiva de auto-organización social. Ya no sirve como solución a los problemas de la sociedad. Esto se debe a que los problemas de la sociedad provienen de capas cada vez más profundas de la psique (y de su interacción con el mundo) que son difíciles de acceder para nosotras como personas individuales. ¿Cómo haces para que las personas confíen en sus iguales? ¿cómo haces que esos ciudadanos sean más confiables, para empezar? ¿Cómo haces que las personas tengan una solidaridad genuina hacia todas las personas y animales (lo cual, dicho sea de paso, es algo que mayoría de nosotros simplemente no tenemos)? ¿Cómo haces que la persona promedio tenga más visión de futuro, sea más creativa y compleja? ¿Cómo haces que la familia promedio tenga relaciones más estables y amorosas? ¿Cómo rompes el circulo vicioso de inseguridad, comercialismo y consumo desmedido?

En cambio, tales niveles profundos de la psique están fundamentalmente interrelacionadas con las estructuras colectivas de la sociedad. Por lo tanto, la vida diaria, el mercado laboral, cómo funcionan (o no) el amor y el sexo, las palabras que se nos enseña para discutir el universo y nuestro lugar en el. Todas estas cosas dependen más de nuestro entorno que de nuestras decisiones individuales.

Pero la sociedad tampoco puede ser vista solamente como “estructuras colectivas” o “redes” ya que eso nos ciega a las profundas perspectivas y experiencias vividas de los seres humanos individuales, y al hecho de que las estructuras colectivas están en gran medida definidas y determinadas por tales procesos psicológicos profundos dentro de cada uno de nosotros.

Del individuo, al dividuo, al transindividuo

El filósofo francés Deleuze propone que deberíamos ver a la sociedad como algo compuesto por dividuos; que todos somos de hecho parte de los demás y nos afectamos mutuamente. Estamos constituidos de muchas influencias, roles y perspectivas diferentes dentro de una multitud de contextos.

Ofrezco una apuesta relacionada para el anti-individualismo: la perspectiva transpersonal. La perspectiva transpersonal sostiene dos posiciones aparentemente opuestas, pero que en realidad son complementarias.

La primera posición es ver a la sociedad como algo determinado por las vidas interiores profundas (las relaciones más personales y las emociones más apreciadas) de los seres humanos. Esto toma a la experiencia vivida singular de cada ser humano muy en serio. Tales experiencias vividas son tomadas como el fundamento mismo de la sociedad: si hay odio o amor en nuestros corazones, si existe paz en nuestras mentes y si todos los tipos de problemas psicológicos han sido tratados adecuadamente. Tales cosas determinan si nos convertiremos en ciudadanos comprometidos, en consumidores irracionales o en reaccionarios amargados.

La segunda posición es que esta experiencia profundamente humana y personal es a su vez creada por procesos sociales que son en gran medida invisibles para cada persona y accesibles solamente a través de un análisis sociológico y psicológico de la sociedad profundo y sistemático.

Así es que esto nos lleva a una paradoja aparente: para ver realmente al ser humano singular, para respetar sus derechos y singularidad, debemos ir más allá de la idea del individuo; debemos ver a través de él y esforzarnos para ver cómo la sociedad está presente dentro de cada persona, así como dentro de cada relación a través de las cuales nace como “ser”. Vamos de la idea del individuo (en contraste con “lo colectivo”) a simplemente mirar a la sociedad como un conjunto interconectado y en evolución de transindividuos. Esta es la perspectiva transpersonal. No se trata simplemente de que seamos una bola de billar que “interactúa” con otras personas. Co-emergemos. O, como la física y filósofa Karen Barad señala, intra-actuamos.

Inicialmente podría resultar contraintuitivo pensar en los seres humanos como algo más que individuos: después de todo ¿no tenemos cada quien un cuerpo, una voz y un monólogo interior? Pero incluso la neurociencia desafía este supuesto. ¿Alguna vez has escuchado acerca de lo que popularmente se conoce como “cerebro dividido”? Esto ocurre en algunos casos raros en donde el puente entre los hemisferios izquierdo y derecho del cerebro es quirúrgicamente removido para tratar la epilepsia severa. Las personas con “cerebro dividido” muestran un gran número de características profundamente desconcertantes; parecen tener dos egos diferentes, cada uno a cargo de un lado del cuerpo. Algunas veces estas dos partes trabajan de manera superpuesta, incluso la mete consciente (o más específicamente, la mente lingüísticamente dotada del hemisferio dominante) racionaliza y se excusa por los comportamientos de la fantasmal mano izquierda que parece tener voluntad propia.

Puedes mostrarle una imagen a un ojo y no a otro y la persona con cerebro dividido actuará como si hubiera visto la imagen. Pero si le preguntas, sigue ignorando haber visto la imagen y da razones de por qué actuó como si hubiera visto la imagen. Lo que se puede ver aquí es que el cerebro se divide y que cada parte parece tener su propia mente, a pesar de que algunas veces las dos se comunican indirectamente. Esto es verdaderamente extraño, al menos desde una perspectiva donde se piensa que los humanos tienen un ser y una voluntad individual y propia.

O puede que hayas escuchado acerca de Krista y Tatiana Hogan, las gemelas cranealmente unidas (lo que significa que sus cabezas están parcialmente unidas en una) de Vancouver, quienes parecen ser capaces de pasarse impresiones visuales entre si directamente a través de sus cerebros: puedes preguntarle a una qué es lo que la otra está viendo y lo sabrá. Estos casos vuelven claramente aparentes la realidad del dividuo: la mente humana singular no es indivisible, no es un “átomo singular”. Ni siquiera lo es biológicamente hablando. Pero estos casos poco comunes sirven solamente para resaltar algo más fundamental que nos involucra a todos: en ningún lugar podrás encontrar un solo “ser” individual; siempre está conectado con todo lo que nos rodea.

Para el activista metamoderno, los derechos e intereses del transindividuo son vistos como más profundos, más reales y más importantes que los derechos del individuo. Así como la sociedad moderna desechó los derechos del clan o de la familia en favor del individuo, ahora desechamos lo individual en favor del trans-indidividuo, que es mucho más legítimo moralmente y analíticamente válido.

La idea de la sociedad que escucha sirve al transindividuo: se ve al ser humano como más que una historia de vida separada y única. La idea del transindivduo mira al ser humano como algo inseparable del lenguaje, de su inconsciente profundo, sus relaciones, roles, posiciones sociales, valores, emociones, psicología de desarrollo, organismo biológico, etc. Se ve a cada ser humano como un proceso abierto y social, un torbellino de participación y co-creación de la sociedad. La sociedad como un todo se ve como un sistema que se auto organiza y crea a tales transindividuos quienes, a su vez, son capaces de recrear a la sociedad.

En resumen, la idea del individuo y sus derechos y libertad nos ha servido bastante, pero ahora necesitamos seguir adelante. De lo contrario la sociedad colapsará como el puente de Londres.

La política metamoderna, trabajando desde la ironía sincera, aplica una perspectiva transpersonal a la sociedad, sirviendo al transindividuo, a sus intereses y derechos. Puedes utilizar las palabras transpersonalismo y transindividualismo de manera más o menos intercambiable. Pero recuerda esto: es al mirar a los problemas psicológicos profundos, al desarrollo profundo de cada uno de nosotros, y ver cómo tales propiedades son generadas dentro de la sociedad, que podemos abordar el fondo de los problemas de la sociedad. (En el apéndice de mi libro encontrarás algunas otras definiciones condensadas de lo que significa la perspectiva transpersonal).

El terrorista y asesino en serie desde una perspectiva transpersonal

Tomemos un ejemplo. Qué tal un terrorista como Anders Behring Breivik, el hombre noruego que mató a 77 personas (la mayoría perteneciente a la juventud socialdemócrata) y lastimó a más de 300 en julio del 2011. Existen dos grandes explicaciones que las personas utilizan para explicar este tipo de actos de terror: que es un problema político (la propagación de ideas neo-nazis a raíz del creciente nacionalismo populista) o que es un problema de salud mental (el tipo estaba loco). Una tercer, y menos común, explicación es sugerir que Breivik es el resultado del desarrollo neoliberal de la sociedad, que supuestamente ha hecho a las personas más infelices y narcisistas (postura obviamente defendida por la mayoría de sociólogos de izquierda). Algunos investigadores de los procesos socio-psicológicos han sugerido que el problema principal está en el largo proceso de años de aislamiento y auto-disciplina mientras se preparaba para dicha transgresión de las normas: ¿cómo pudo, en absoluto, alguien como Breivik lograr ponerse en marcha?

En lo que todas las perspectivas coinciden es en el rol que jugaron los foros en línea: Breivik es por lo menos en parte un fenómeno del internet.

Estas discusiones eligen entre un enfoque individual o social (colectivo). Desde una visión más transpersonal, el hecho se analiza de manera diferente. El asunto se relaciona, en cambio, con la psicología social de una larga secuencia de eventos cotidianos: de alguna manera y en algún lugar en la vida cotidiana, este joven se volvió bastante amargado y claramente estaba incapacitado para manejar su vida de manera productiva. Breivik, el asesino serial, nació en el patio de la escuela, en la familia disfuncional, en el grupo de pares, en el internet, en el mercado de trabajo, en las aspiraciones románticas fallidas, en la frustración sexual, en la masculinidad negativa (un tema recurrente en su loco “manifiesto”, publicado el mismo día de la matanza; se sabe que incluso pasó su última noche con dos prostitutas y bebiendo champaña), en el orgullo herido, en las relaciones inter-étnicas fallidas y en los procesos de integración estancados. En resumen, nació como resultado de todo el tejido social.

Así es que Breivik planeó su ataque durante nueve años y luego salió y mató gente. Al hacer eso, por supuesto, violó, los derechos de cada una de las personas y los derechos de sus seres queridos.

Piensa en eso; la única manera como hubiéramos podido prevenir esto sería si fuera mucho menos probable, en primer lugar, que surgieran personas como Breivik. No podemos proteger a cada una de las personas de los errores de todos los posibles delincuentes, ni siquiera con una policía super eficiente. No importa que tanto “defendamos los derechos del individuo”, el individuo seguirá siendo limitado y herido de millones de maneras, incluso al punto de ser asesinado, si fallamos en ver al transindividuo y defender sus derechos, si no vemos su más profundo interior y los contextos sociopsicológicos de los que es parte.

Lo que si podemos hacer, en cambio, es asegurarnos de que la persona promedio sea más feliz y sana, que tenga mejores relaciones, mejor autoconocimiento y más apoyo. Porque la terrible realidad es que tú y yo somos Breivik. Él es el resultado directo de la sociedad que creamos y mantenemos todos los días. No es una fuerza ajena. Él es aquel niño del colegio que volvió y mató a nuestros niños. Todo está interconectado. Todos estamos interconectados. Breivik es, obviamente, un ejemplo extremo de desviación social, pero emerge en una continuidad con el resto de nosotros. De alguna manera estamos hechos de lo mismo. La respuesta al horror que Breivik desató se encuentra en el interior de nosotros mismos.

¿Podría Breivik haberse convertido en quien se convirtió si todo el tejido de dicha y sufrimiento hubiera sido tejido más inteligentemente? Es una cuestión de probabilidad: algunas sociedades generan más terroristas que otras. Noruega es un país relativamente pacífico, pero evidentemente no está exento de su cuota de tensión social. Es un problema transpersonal; va más allá de la persona individual. Pero en si mismo sigue, y seguirá, siendo profundamente personal, en el sentido que involucra cuestiones que son exquisitamente intimas y emocionales.

Vayamos más allá del ejemplo del terrorismo. Extiende esta perspectiva transpersonal a toda clase de problemas: desempleo, donde el problema no es sólo cuántas personas tienen empleo, sino cómo se siente estar desempleado, lo que significa para las personas y por qué; o al bullying, donde la totalidad de las características ambientales y sociales de la escolarización y del sistema educativo dicta los límites de la confianza y solidaridad interpersonal a través de la sociedad; o la salud pública, donde el estilo de vida de nuestros amigos y familiares afecta nuestros hábitos y, por lo tanto, nuestra esperanza de vida (lo que a su vez depende de qué tan bien nos esté yendo psicológicamente en términos de felicidad, lo que a su vez depende de la calidad de nuestras relaciones, lo que a su vez depende de que tanto las personas sean forzadas a competir por estatus social, y así sucesivamente). Así que el gran tejido de dicha y dolor que explica los actos de terror es la misma que explica otras tantas miserias en nuestras vidas.

No existe, por lo tanto, “una explicación” para el terrible misterio de Breivik, sino algunas perspectivas que son mucho mejores a la hora de tratar con la naturaleza compleja de estos problemas que otras perspectivas. La vida interior del ciudadano individual está unida a las estructuras colectivas de la sociedad, y vice versa. Nuestro fracaso como sociedad a la hora de ver esta interconectividad es la verdadera razón de por qué las personas explotan y se vuelven nazis asesinos. Ninguna de las otras perspectivas puede parar al siguiente Breivik. Sólo una perspectiva transpersonal puede hacerlo.

Servir al individuo (o al colectivo) está, entonces, convirtiéndose en algo regresivo y peligroso. “El individuo” y “el colectivo” son posiciones analíticamente fallidas. No estamos simplemente equilibrando los intereses colectivos e individuales: estamos atacando ambas en nombre de lo transinidividual.

Ver a los seres humanos como “individuos”, en un universo obviamente interconectado y co-evolutivo, no solamente es una filosofía social pobre. Es un insulto imperdonable a la grandeza del alma humana. Somos más que individuos; somos seres mucho más grandes. Es por ello que, desde una perspectiva transpersonal, puedo decir con toda sinceridad: que muera el individuo.

Larga vida al dividio, o al transidividuo.

Hanzi Freinacht es un filósofo, politólogo, historiador y sociólogo, autor de“La sociedad que escucha”, y de los próximos libros “Ideología Nórdica” y “Los 6 Patrones Escondidos de la Historia Mundial”. La gran parte de su tiempo lo pasa sólo en los Alpes Suizos. Puedes seguir a Hanzi en su perfil de Facebook.