Donald Trump projecta una consciencia roja, pero ¿realmente es así?

Daily Evolver Podcast

Jeff Salzman febrero 2016

 

Me gustaría darle un vistazo al avance que ha tenido Donald Trump dentro de las primarias republicanas y ver si podemos tener alguna perspectiva integral de este fenómeno, el cual, debo admitir, está siendo disfrutado por mi parte liberal tribal. Creo que una de las cosas que vuelve a Donald Trump tan atractivo, particularmente a los republicanos, es que está transmitiendo desde una altitud roja, dentro del marco de los niveles de consciencia. Lo que conocemos como el estadio de desarrollo del guerrero. Y este estadio viene antes que el tradicional, el moderno y el posmoderno.

Es un estadio temprano que está presente en toda la humanidad desde hace 5,000 años, e incluso antes. Es el estadio donde surgieron las guerras y los terratenientes. Los grandes imperios y las personalidades como Genghis Khan. Es la era donde quien tiene el poder tiene la razón. Uno no puede hacer justificaciones morales ni racionales. En este estadio uno tiene que salir a pelear para ganar, o perder. Y es un estadio que está vivo en todos nosotros.

Es también un estadio de consciencia que nos puede transmitir más seguridad cuando vemos que nuestros líderes lo tienen. Porque dentro de nosotros aún sentimos que el mundo es un lugar peligroso y que hay situaciones en las que nuestra única alternativa es pelear. Así que queremos ser guiados y protegidos por alguien que pueda hacer eso.

Y por supuesto esto es algo característico de Trump, o por lo menos así es como se está presentando en su campaña. Su retórica gira siempre en torno al combate. Y de alguna manera, por lo menos política e intelectualmente, ni siquiera es tan bueno haciendo esto. Por ejemplo se mete en peleas a través de Twitter con otros en los que lanza declaraciones como “eres tonto”, “eres estúpido”, recuerdo una vez que contestó a alguien “tienes la mente de un niño tonto y desubicado”. Y la verdad es que esto no es tan eficiente, incluso provoca un poco de pena ajena. Pero funciona, ya que por lo menos sabes que si estás en la arena con Donald Trump no vas a poder dar un golpe sin recibir otro a cambio.

Y esto es poderoso. Recuerdo haber tenido un entrenador hace algunos años quien era un luchador, era agresivo, nació en el sur de Boston, y recuerdo que me dijo que él nunca huía de una pelea. No le importaba que tan grande fuera el otro tipo. Sabía que si iba a la pelea tal vez podría perder, pero el otro también saldría herido. Ante esto sentí que había unos extraños vislumbres de sabiduría de guerrero.

Incluso, hablando evolutivamente,  uno no quiere entrar en peleas por capricho. Hay una inteligencia innata para evadir las peleas, incluso en el estadio rojo del guerrero. Así que desarrollamos un rango de comportamientos en el nivel rojo que comunican nuestra agresividad y capacidad para que otros puedan verla. De manera similar a cuando un gato arquea su espalda para dar la impresión de que es más grande ante una pelea. Una manera como los humanos hacemos esto es a través de mostrar nuestra riqueza. Y noten que esto es diferente a tener riqueza; algunas personas personas son ricas pero no lo demuestran. Pero en el estadio rojo sí lo hacemos. Y esta es la esencia de la “marca” Trump, quien da la impresión de vivir sin límites ni fronteras. Para tener una prueba de esto, sólo hace falta buscar en Google su departamento-mansión en Manhattan y analizar su diseño que parece haber sido encargado por el “Rey Sol” Luis XV. Todo está lleno de mármol, oro, frescos en el techo y otras extravagancias. Pero esta es la esencia de todo lo que Trump hace: mostrar, o presumir, su riqueza.

Departamento de Trump en Manhattan

Otra característica del estadio rojo es una gran exhibición sexual, lo cual también demuestra poder, en otro ámbito. Aparentemente a través de la historia esto se ha manifestado de varias maneras. Por ejemplo Genghis Khan tuvo tantos hijos que en la actualidad hay alrededor de 16 millones de descendientes directos suyos. Hoy podemos ver este tipo de energía exhibida en algunos géneros musicales. Por ejemplo, si somos un rapero[1] que está en un nivel rojo, nos rodeamos de chicas en bikini bailando. O, si somos un millonario dueño de casinos, como Donald Trump, organizamos el concurso de Miss Universo, que es quizá un poco más refinado, pero también transmite ese poder sexual que es otro de los grandes componentes esenciales del nivel rojo.

Psicológicamente hablando, nos referimos a la altitud roja como “egocéntrica”: incapaz de ver la perspectiva del otro. Esto provoca que quienes están en este nivel se afirmen a sí mismos y alardeen de sí mismos. Podemos ver esto en personas egocéntricas, por ejemplo en niños pequeños quienes están en una etapa de desarrollo natural egocéntrica. Pero es un poco raro encontrar esto en una campaña presidencial, donde podemos encontrar a Donald Trump hablando de cómo amasó una tremenda fortuna. “Tengo un gran coeficiente intelectual” asegura, “Seré el mejor presidente que Dios haya creado”. “Voy a crear una gran, gran, muralla en nuestra frontera sur. Y voy a hacer que México pague por ella”. Ahora, estas no son iniciativas de política pública, ni siquiera son argumentos. Estas son afirmaciones. Momentos de presunción. Y esta es la moneda de cambio del nivel rojo.

El estadio rojo es pre-modesto. La modestia aún no se ha instalado en el sistema operativo de la consciencia roja. La modestia, la decencia, el decoro, el auto control; este tipo de cosas aparece en el siguiente nivel evolutivo, el nivel que históricamente se desarrollo a la par de visiones religiosas como los diez mandamientos, o el óctuple noble sendero, donde debemos ser justos y amables. Tener habla correcta y comportamiento adecuado.

George H. W. Bush, quien encontraba difícil hablar sobre sí mismo y explicó que su madre les había enseñado a él y a sus hermanos a no alardear y a no hablar demasiado sobre sí mismos. Casi todos los otros candidatos republicanos operan desde este estadio de desarrollo, o incluso desde el estadio moderno, que sucede al tradicional. Y es evidente que tienen problemas para hablar de sí mismos, siempre hablan en segunda persona: “nuestra campaña”, “nosotros haremos esto”, “nuestras políticas”, “nuestro movimiento”, “no se trata de mi, sino del pueblo americano”. Hay momentos en que se muestran desconcertados y apenados ante Donald Trump y no encuentran cómo responder a sus ataques. Será extraordinario ver cómo se manejan ante esta extravagante e intrépida fuerza de la naturaleza roja en los siguientes debates.

Pienso que por lo menos Trump cumplirá la función de reventar la burbuja de pretención y el piloto automático en el que se encuentran muchos de los políticos. Lograr esto sería algo bueno.

Finalmente debería hacerme la pregunta ¿es Trump verdaderamente un individuo de consciencia roja? Quiero decir, claramente es más que eso: claramente es el ejemplo de una historia de éxito de la modernidad, la cual está en el estadio naranja, un estadio más avanzado que el del tradicionalismo (azul). Su éxito haciendo dinero y en la libre empresa, así como en todos los proyectos que ha creado, son muestra de que puede operar en una arena civilizada. Y como ha sido señalado en el Washington Post, hubo un tiempo en el que Trump fue definido como un buen liberal, un buen posmodernista. En 1999 cuando Trump estaba considerando lanzarse como candidato de un tercer partido, se postulaba a favor de la incorporación de gays en las fuerzas armadas, a favor de la reforma de recolección de fondos de las campañas políticas, de la salud pública universal, a favor de la regulación del mercado. Se oponía a la inversión de los fondos de seguridad social en el mercado de valores e, incluso, predicaba la tolerancia. Hizo donaciones a las campañas de Hillary Clinton, así como de otros demócratas. Así que tiene la habilidad de funcionar en diferentes estadios de desarrollo al mismo tiempo. Usualmente, estas serían pruebas de una consciencia integral: alguien que pueda ser posmoderno cuando es adecuado, tradicional, e incluso guerrero cuando se necesita. Así que ¿qué pasa con esto? ¿Es Donald Trump verdaderamente integral?

Pienso que la respuesta es que probablemente no. Y pienso que la diferencia se puede ver en los frutos del trabajo de la persona. Si el fruto de tu trabajo es solamente abonar a tu propio poder y agrandar tu persona, entonces esa no es una cualidad de la conciencia integral. La conciencia integral trabaja para una identidad más grande, trabaja para beneficiar a otras personas. No veo que esto sea una motivación central en Donald Trump.

Otra explicación, por supuesto, es que es solo un oportunista habilidoso. Un sociópata. Alguien que tiene la capacidad de dominar a los demás, pero que no actúa desde una identidad más amplia que la egocéntrica.

Pero, quién sabe. El es un misterio y todos nosotros también lo somos. Así que como dice mi bumper sticker favorito: “que Dios bendiga a todos, sin excepción”.

De cualquier manera Donald es un gran show man que sin duda hará este drama presidencial más interesante, y pienso que también más esclarecedor.

 

[1] En el caso de México, también podemos encontrar esto en los músicos de banda y corridos N. T.